domingo, 4 de janeiro de 2009

La digna rabia y la otra política - Marcos Roitman Rosenmann / I

Para algunos, el levantamiento del EZLN en 1994 se inscribe dentro de los proyectos fracasados. El adormecimiento de las conciencias y creer vivir en el mejor de los mundos posibles arranca este perfil de crítica fácil, llena de resentimiento. No había motivo para la insurrección y si los hubo se perdieron en el camino. En quince años han cometido muchos errores, han perdido apoyo y mueren de éxito. El mayor, el enfrentamiento entre su dirigencia y el candidato Andrés Manuel López Obrador en las pasadas elecciones presidenciales. No prestaron su colaboración, su militancia no hizo campaña y además utilizó un lenguaje soez. Por ello, son responsables de su derrota. ¿Pero había que apoyarlo? El PRD, junto al PAN y el PRI, traicionó los acuerdos de San Andrés, pero tal acontecimiento pasa desapercibido.

Sin embargo, al EZLN se le acusa de todos los males existentes en México. Desde el narcotráfico hasta la violencia terrorista. Para sus detractores, el EZLN ya gozó de sus quince minutos de gloria. Hoy se ha convertido en un tour político para ONG europeas. En esta dirección la ristra de exabruptos es variada y confluyen en un tópico: la obligada disolución. Sólo intelectuales desfasados creen en el colonialismo interno. La lucha de clases está en la mente calenturienta de subversivos, nostálgicos del comunismo o terroristas. Las esperanzas de un mundo sin explotación no forman parte del horizonte histórico de los mensajeros de la derrota.

Entre quienes defienden esta postura se afianza la idea mayoritaria de vivir en un mundo tolerante. Nada impide dialogar. Hoy, todo es negociable. Póngale precio a la dignidad, se dice. Los sicarios y las meretrices de la política se especializan en buscar acuerdos. En caso de no hacerlo se bombardea y se aniquila el problema. Gaza, sin ir más lejos. La tolerancia es cero con el diferente.

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http://www.jornada.unam.mx/2009/01/04/index.php?section=politica&article=015a1pol