sábado, 24 de janeiro de 2009

El zapatismo avanza ante el desastre - Pablo González Casanova Henríquez*

*casanoh@hotmail.com

Por años se han declarado en Chiapas “derramas” para acabar la pobreza indígena”. ¿Es eso posible? Hay evidencias de que el hambre infantil en las montañas –y suburbios– de México es un desastre inmenso, relegado y negado por la nutrición neocolonial y corporativa, intuido por la crítica, y rebelde. La guerra económica –TLCAN, etcétera–: daño y ruina campesina, migración urbana y foránea, sigue a la genocida, abierta y solapada; sicológica y militar, vs. civilización. El campo no aguanta más. Nuestro propio “Estado nacional” lo daña, como recolonizado brazo de otro: invade, engaña, saquea.

En 1984 hicimos una encuesta prescolar en cinco de nueve regiones de Chiapas: dio “73 por ciento desnutridos”. Los Altos y la Sierra estaban “en alarma nutricia”, con más de 80 por ciento de los niños desnutridos (índice peso-edad, Gómez), y más de 5 por ciento “severos”. En 1985 se instaló un sistema mensual de peso del niño en 40 localidades (cinco regiones), y la desnutrición global fue igual: 72 por ciento.

Comparando con datos directos de Kenia y Mozambique (no hambrunas francas), los africanos superaban a los locales. En 1984-1987 el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán pesó, midió y atendió a niños y madres en 284 localidades (Altos, Fronteriza, Selva, Sierra y Soconusco). Muchos sobrevivían con ampicilina, suero casero y papillas de cereales, papa o plátano; vitaminas y hierro; o en el hospital, graves. Cada comunidad, en los Altos-Sierra, producía “pilas” de niños con peso bajo, “60 por ciento del ideal”; signos vitales alterados; diarrea, neumonía, deshidratación, edema-dermatosis en piernas, cabello descolorido, parásitos. La cobertura, uno por ciento del total estatal (12 mil pueblos pequeños), fue útil. El hallazgo más sorprendente para quienes conocimos el hambre en otras latitudes fue que los niños y niñas de las montañas de Chiapas ¡dependían de la lluvia! para subir de peso. La desnutrición bajaba de 80 a 60 por ciento: al llover crecían ejotes; en dos meses, frijoles, y en cuatro, maíz, ¡como en África! La correlación “agua pluvial-desnutrición mensual” era muy alta: 20 localidades (Altos), cinco (Sierra) y dos (Soconusco-montañoso). En el resto no cambiaba. Se demostraba: carencia total de “seguridad alimentaria: social”.

Continua em:
http://www.jornada.unam.mx/2009/01/24/index.php?section=politica&article=017a1pol

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