segunda-feira, 18 de novembro de 2019

ANDRES AUBRY


1927 - 2007



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El 20 de septiembre del 2007, el antropologo Andrés Aubry, asesor del EZLN, murio en un acidente de carro, rumbo a Tuxtla, una muerte brutal, como el lo deseaba. 7 ano despues rendimos un humilde homenaje difundiendo textos, vidéos y audios de este gran hombre.
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TEXTOS

San Cristobal de Las Casas, la Ciudad Dual. (Dic. 1994)
Ahora que San Cristobal de Las Casas se convierte en un gigante parque de atraccion turistico, que los Oxxos e otros supermercados llenan esa ciudad, haciendole perder su identidad, ese texto de Don Andrés presenta la historia de esta Ciudad Dual (Centro Espanol, Periferia Indigena), con un matriarco historico oculto.
http://espoirchiapas.blogspot.mx/2013/09/la-ciudad-dual.html

Chiapas: La Nueva Cara de la guerra (Marzo 2007)
En ese texto, Andrés Aubry presenta la estrategia del Gobierno contra la Ezln tomando la metafora del Pez. La privatizacion de las tierras y de sus recursos no se puede hacer si estan bajo el control de la EZLN.
http://espoirchiapas.blogspot.mx/2013/09/andre-aubry-chiapas-la-nueva-cara-de-la.html

Tierra, Teruno, Territorio (Junio 2007).
La Tierra, la Planeta Tierra, el Teruno, la patria chica, el Territorio, el espacio reapropriado por un pueblo no se venden ni se compran! En ese articulo Don Andrés denuncia el "conservacionismo ambiental por las reservas como mascara.
http://espoirchiapas.blogspot.mx/2013/09/tierra-terruno-territorio.html

La Experiencia Zapatista: Un testimonio (oct. 2004)
Presentacion en 4 puntos de la experiencia zapatista: 1.Una Sociedad y un gobierno zapatista, No un estado zapatista 2.El sotano de la economia capitalina 3.Una Nueva Sociedad 4. Caracoles.
http://espoirchiapas.blogspot.mx/2013/09/la-experiencia-zapatista-un-textimonio.html

VIDEOS

Entrevista de Don Andrés sobre "los llamados de la memoria".
https://youtu.be/kWGiuVY1zI4

ARTICULOS

Neil Harvey, La Jornada, 05.10.2007
Las ensenanzas de André Aubry
http://www.jornada.unam.mx/2007/10/05/index.php?section=opinion&article=024a2pol

REFLEXIONES

Guillermo Villasenor Garcia, propuso en  Redalyc una Resena de"Chiapas a contrapelo.  Una perspectiva antisistemica" de Andrés Aubry.
https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=59501910

AUDIOS
participación de Andrés Aubry en el seminario de discusión política Generando contrapoderes desde abajo y a la izquierda
http://www.coloquiointernacionalandresaubry.org/070103_AUBRY_Contrapoderes.mp3

Publicado originalmente em:
https://espoirchiapas.blogspot.com/2014/09/andres-aubry.html

quarta-feira, 30 de outubro de 2019

“Muertos incómodos”


LA REDACCIÓN - Revista Proceso

12 junio, 2005

Luis Spota utilizó la novela política para analizar, en los setentas, las luchas por el mando entre los grupos poderosos La creación exigió tener un conocimiento profundo de la realidad, además de manejar una trama interesante El resultado fue un éxito no sólo de ventas, sino una descripción puntual de la forma de sucesión del gobierno autoritario en ese momento

Ahora el subcomandante Marcos y Paco Ignacio Taibo II escriben una novela con tintes políticos: Muertos incómodos (falta lo que falta) (Ed Joaquín Mortiz Col Narradores Contemporáneos; México, 2005 235 pp), para denunciar las arbitrariedades de los señores del poder

La idea original era escribirla por los dos autores con Manuel Vázquez Montalbán, pero la muerte de este último modificó el proyecto La elaboración se hizo teniendo como personajes centrales a Elías Contreras, insurgente zapatista, y al detective Héctor Belascoarán Shayne, personaje de las novelas de Taibo II Las reglas para mantener la secuencia fue precisar el tema; luego, Marcos describió el primer capítulo y Taibo II el segundo, y así sucesivamente La historia fue publicada por entregas en el periódico La Jornada

La historia se inicia cuando Elías Contreras, miembro de la Comisión de Investigación del EZLN, es encargado para averiguar la misteriosa desaparición de una mujer indígena La pesquisa lo lleva a seguir los pasos de un tal “Morales” en la Ciudad de México Paralelamente, Belascoarán es visitado por un participante del movimiento estudiantil del 68 que recibe llamadas de un compañero asesinado durante la guerra sucia de los setentas por “Morales” Ambos entran en contacto y conocen la perversión de la política y la corrupción de los poderosos
Muertos incómodos es una denuncia de la estrategia que siguen los grupos poderosos para vender al país La llegada de la fracción panista al poder implicó serios roces con los segmentos policiacos y represivos, hasta que llegaron a un acuerdo: hacer tabla rasa del pasado e incorporarlos al aparato gubernamental Con su colaboración y la de otros mercenarios han buscado vender Pemex, privatizar la industria eléctrica y apoderarse de la zona de Montes Azules en Chiapas, rica en agua, fauna y uranio

En esta zona el expresidente Zedillo y Julia Carabias, a través de “organizaciones ecológicas”, se han ido apoderando de varias regiones Ante esta desposesión grupos indígenas han reaccionado con movilizaciones y protestas, a las que han respondido organizaciones paramilitares vinculadas con el gobierno, como el Yunque, grupo de derecha relacionado con organizaciones internacionales fascistas La escalada ha sido delatada por el EZLN por medio de diferentes comunicados, y ahora con esta novela, para evitar una injusticia más, así como una escalada de violencia que no sólo amenaza a Chiapas, sino al país todo

Muertos incómodos es una novela legible que vale por la acusación Sin embargo, la premura con la que fue escrita deja ver el entretejido y quedan personajes y hechos sueltos; es más bien una primera versión sujeta a varias revisiones Quizá la necesidad de la denuncia obligó a Marcos y Taibo II a ese descuido

terça-feira, 22 de outubro de 2019

Reseñas bibliográficas

Luis Villoro, Los retos de la sociedad por venir - Fondo de Cultura Económica, México, 2007, 226 pp.



Guillermo Hurtado
Instituto de Investigaciones Filosóficas. Universidad Nacional Autónoma de México. gmhp@servidor.unam.mx


Los retos de la sociedad por venir es el más reciente de una serie de libros publicados por Luis Villoro sobre temas de filosofía política. El libro está escrito con esa admirable combinación de lucidez y pasión a la que nos tiene acostumbrados su autor. Villoro ha mostrado una vez más cómo la filosofía mexicana puede ser comprometida y liberadora, sin por eso dejar de ser rigurosa y profunda.

La obra se divide en cuatro partes: la primera se ocupa de la justicia, la segunda de la democracia, la tercera del multiculturalismo y la cuarta del sitio de la razón en la vida. Para quien le interese ubicar las tesis y los argumentos de este libro dentro del corpus de la obra de Villoro diríamos que la primera parte es un replanteamiento radical de los capítulos 12, 13 y 14 de El poder y el valor; la segunda parte tiene como antecedentes su ensayo de 1978 "Filosofía y dominación", publicado en El concepto de ideología y otros ensayos, y los capítulos 15 y 16 de El poder y el valor; la tercera parte puede verse como una prolongación de Estado plural y pluralidad de culturas; y la última resume magistralmente una preocupación que se encuentra en la totalidad de su obra.

La primera parte de Los retos de la sociedad por venir no es sólo la de mayor extensión, sino también la de mayor originalidad y densidad filosófica. Lo que aquí nos ofrece Villoro es la teoría de la justicia sobre la que él empezó a trabajar después de haber concluido El poder y el valor. En aquel libro, Villoro había abordado el tema de la justicia (en el capítulo 12) para relacionarlo con la distinción que hizo entre la asociación para el orden y la asociación para la libertad. En su obra más reciente, retoma el asunto de la justicia desde una perspectiva radicalmente distinta; a saber, desde el examen filosófico de la experiencia de la injusticia. El núcleo de su propuesta es que hemos de entender la injusticia como exclusión. La nueva teoría de la justicia de Villoro se distingue de otras que se han ofrecido en años recientes por tomar una ruta negativa, es decir, por tratar de entender la justicia a partir de su ausencia, la injusticia. Esta ruta conceptual no sólo responde a una estrategia intelectual original, sino al reconocimiento de una realidad concreta. En países como México, la experiencia de la injusticia es cotidiana, aunque no por eso menos indignante y opresora. Pensar la justicia a partir de la injusticia es, por lo tanto, hacer filosofía desde nuestra circunstancia, hacer una filosofía congruente con nuestra realidad.

Mientras que Rawls pensaba la justicia desde un velo de la ignorancia en la que un sujeto, sin ningún referente, se imaginaba cómo había de ser una sociedad justa, Villoro la piensa desde la situación de un sujeto concreto que padece la injusticia, que experimenta la exclusión que siempre conlleva aquélla, y que luego es capaz —por medio de un ejercicio de disenso crítico— de equipararse con el excluyente, hasta llegar al punto en que —por medio de un consenso racional— se reconozca al otro de manera cabal a partir de la aceptación compartida de valores objetivos. Villoro enfatiza que este proceso tiene una dimensión histórica. No puede, en consecuencia, universalizarse de manera abstracta y mucho menos de manera definitiva, sino que siempre ha de entenderse en un contexto específico de exclusión. Esto tiene una repercusión importante en la forma en que entendemos los derechos humanos. Así como Zea criticó el modo en el que Occidente universalizó una concepción particular del hombre, Villoro afirma que la universalización de ciertos derechos comete el error de suponer que las circunstancias de exclusión son las mismas en todos lados y en todo momento. Según Villoro, la doctrina de los derechos humanos en boga fue formulada en un lugar y una fecha precisos: es el resultado de la experiencia de exclusión de la burguesía europea en el siglo XVIII. En países como el nuestro, la circunstancia de exclusión es muy distinta; aquí, la tan deseada libertad individual no puede ejercerse sin otras condiciones como la alimentación, la vivienda, la salud, la instrucción y la pertenencia a una comunidad. Sin embargo, así como en Creer, saber, conocer Villoro no cae en un relativismo epistémico gracias a su aceptación de la noción realista de la verdad, en su libro más reciente no incurre en un relativismo axiológico gracias a la defensa de valores objetivos que ha hecho desde El poder y el valor. Por eso su teoría de la justicia está íntimamente ligada a su teoría sobre el multiculturalismo. Para él, las diferencias axiológicas culturales, que son históricas y por lo mismo variables, no implican un relativismo moral, sino por el contrario, el reto permanente de buscar consensos con los demás por medio del diálogo.

En el segundo capítulo, Villoro nos ofrece un análisis de los dos modelos de justicia cultivados en la tradición filosófica occidental: el teleológico, que parte de Aristóteles, y el deontológico, cultivado en años recientes por Rawls. Luego de exponer ambos modelos, Villoro compara cómo han dado respuesta a cuatro antinomias sobre la justicia que surgen del enfrentamiento entre los dos modelos. A las antinomias las denomina Villoro: del sujeto, del orden normativo, del tipo de asociación y del deber y el fin. Afirma que estas antinomias pueden disolverse si adoptamos dos criterios metodológicos: tomar en cuenta la evolución temporal de la idea de justicia y contrastarla con su negación, la injusticia.

Me he limitado a exponer en sus líneas generales la teoría de la justicia de Villoro y no es éste el lugar para analizarla con mayor detalle, pero quisiera sugerir una posible línea de objeción. Es evidente que no toda exclusión es una injusticia. Por ejemplo, un grupo de amigos puede excluir a uno de ellos, digamos, por no invitarlo a una fiesta. Esta exclusión puede ser arbitraria, irrazonable e incluso malévola, pero no por eso diríamos que se trata de un acto de injusticia. Supongo que Villoro concedería que no toda exclusión es injusta y que buscaría un criterio adicional que determine cuándo una exclusión es una injusticia. Pero sospecho que, para caracterizar a la exclusión injusta, Villoro no podría evitar retomar una idea de la injusticia como negación del bien común o una idea de ella como incumplimiento de normas universales. Pero si esto fuera así, ya no es tan claro que la vía negativa le permita escapar de las dicotomías sobre la justicia. Me explico. Creo que de presionar a Villoro para que eligiera entre la exclusión entendida como negación del bien común o como incumplimiento de normas universales, él no rechazaría ninguno de los cuernos del dilema. Eso aclararía por qué en distintas partes del libro él afirma, por una parte, que la única exclusión aceptable es la de aquel que se niega a cooperar con la comunidad (p. 128) y, por otra parte, que cualquier miembro de una comunidad tiene el derecho objetivo de disentir de los usos y costumbres de su comunidad (p. 168). Pienso que Villoro se resitiría a rechazar cualquiera de los cuernos del dilema porque él considera que a la injusticia hay que entenderla de manera histórica. Aveces el concepto de injusticia que ha de prevalecer en una comunidad es el de negación del bien común, y otras el de incumplimiento de normas universales. Pero, entonces, la salida que puede ofrecernos Villoro de las antinomias de la justicia procedería, a fin de cuentas, de su aproximación histórica al tema de la justicia, y no de su vía negativa a ella.

En lo que sigue examinaré algunos de los asuntos abordados en los demás capítulos de Los retos de la sociedad por venir.

Villoro ha defendido la instauración de una democracia comunitaria que sustituya a la democracia representativa liberal que existe actualmente en México. Esta propuesta coincide en muchos aspectos con el proyecto político nacional del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Villoro y los neozapatistas están en contra de una concepción del Estado que tiene más de dos siglos de antigüedad. Esta tradición política comienza en México y en el resto del orbe hispánico con las reformas borbónicas en la segunda mitad del siglo XVIII, que buscaban fortalecer el Estado a costa de debilitar a los cabildos, los ayuntamientos y las autonomías. En el siglo XIX este proyecto tiene su momento de mayor definición con la reforma liberal impulsada por Juárez, la cual quedó plasmada en la Constitución de 1857. En el siglo XX, el proyecto se consolida con los gobiernos emanados de la Revolución, a pesar de que la Constitución de 1917 haya concedido a las comunidades la propiedad comunal de la tierra.

La izquierda adopta esta concepción del Estado y, sobre todo, hace suya la idea juarista de México como un Estado nación en el que las mismas leyes valen para todos por igual. Para los principales teóricos de la izquierda revolucionaria del siglo XX, como Vicente Lombardo Toledano o Narciso Bassols, la solución del "problema indígena" consistía en sacar al indio de sus comunidades para convertirlo en proletario. Es por lo anterior que para algunos pueda resultar desconcertante que Luis Villoro, siendo un hombre de izquierda, se haya enfrentado con vehemencia a la tradición juarista.

Pero, a diferencia de la derecha tradicionalista, Villoro no impugna la Nación juarista con el propósito de reinstaurar un viejo régimen, sino lo que pretende es que la sociedad mexicana supere la concepción sobre el Estado y la nación expresada en la Constitución y funde una nueva forma de organización social más justa, que adopte como suyas algunas ideas sobre la vida pública que sostienen los pueblos indígenas.

De cualquier manera, cabe hacernos la pregunta de si la concepción política de Villoro es de izquierda. En años recientes se ha vuelto un lugar común decir que la dicotomía entre la izquierda y la derecha ha perdido significado. En el capítulo del libro denominado "La izquierda como una postura moral", Villoro afirma que ser de izquierda no consiste en sostener un conjunto de creencias, menos aún en abrazar una doctrina ideológica, sino que consiste en una elección de vida. De este modo, una misma doctrina puede ser de izquierda en un momento y de derecha en otro. El liberalismo fue disruptivo, es decir, de izquierda, cuando se enfrentó al absolutismo, pero luego conservador, es decir, de derecha, cuando sirvió al capitalismo. El marxismo–leninismo fue izquierda cuando luchó contra la explotación capitalista, pero fue derecha cuando se hizo un instrumento de una clase burocrática opresiva. Sin embargo, esto parecería llevarnos a una curiosa paradoja, ya que todo movimiento de izquierda al llegar al poder se convertiría automáticamente en uno de derecha. El reto es concebir una oposición de izquierda que no se convierta luego en gobierno de derecha. Villoro ha señalado que un tipo de organización social en el que el ejercicio del poder no hace uso de las estructuras de dominación es el que ha puesto en operación el EZLN con las llamadas Juntas de Buen Gobierno. Un principio rector de estas Juntas es la idea de mandar obedeciendo. Villoro ha descrito con mucha simpatía esta forma de organización. Para él, la democracia comunitaria que debemos construir no es la que han intentado consolidar los principales grupos políticos nacionales desde hace décadas. No es una democracia de partidos y votos depositados en urnas, sino una democracia directa, de asambleas, de decisiones tomadas por consenso.

Un elemento central de esta propuesta es que son los pueblos, los gremios, los barrios, etc., los que se organizan en esta modalidad democrática sin tener que responder a una estructura estatal que los domine. Ésta es la idea detrás de los municipios libres neozapatistas. Pero me parece que si buscáramos en la tradición filosófica occidental algún antecedente del rechazo de Villoro al Estado nación, quizá la hallaríamos en el anarquismo libertario y colectivista de autores como Proudhon o Bakunin. Por ello, no creo que sea descabellado relacionar la filosofía política de Villoro con la tradición anarquista mexicana y particularmente con el magonismo, cuyas coincidencias con el zapatismo y el neozapatismo son conocidas. Lo anterior debe matizarse porque sería un error calificar a Villoro como un anarquista sin más; no obstante, hay algunas afinidades que merecerían ser estudiadas.

Como el propio Villoro afirma en el capítulo del libro llamado "Multiculturalismo: un liberalismo radical", hay una ruta que va del libertarianismo al multiculturalismo. Pero esa misma ruta puede llevar a una posición cercana al anarquismo. Villoro ha defendido en varias ocasiones que la abolición del Estado nación es el fin último al que habríamos de dirigirnos. No obstante, en el capítulo del libro llamado "Del Estado homogéneo al Estado plural", establece que no debemos plantearnos por ahora la desaparición del Estado nación, sino más bien su reforma. Lo que podríamos intentar en un futuro cercano es que el Estado nación se limitase a sostener una estructura de defensa frente al poder de otros Estados hegemónicos y de las compañías transnacionales. Villoro no aclara si también piensa que el Estado nación reformado debería renunciar a ofrecer seguridad, salud y educación a sus habitantes, pero me imagino que considera que todo esto podría ser ofrecido por las propias comunidades o por asociaciones de ayuda mutua.

No está de más reiterar que aunque Villoro imagine un mundo sin Estados, él no es ni un utopista ni un revolucionario. Como lo ha expuesto en numerosos trabajos, es muy consciente del lado oscuro de las utopías, sobre todo de aquellas producto de la razón ilustrada. Villoro nos diría que para realizar el tipo de sociedad a la que aspiramos debemos estar abiertos a tomar distintas vías, pero nunca las del dogmatismo, la idolatría o la violencia. Para él, ni la ideología ni la utopía son caminos confiables para un cambio político que pretenda estar basado en una razón que se asuma como plural y falible. El siglo XX fue testigo de violentas revoluciones de todos signos que cuando llegaron al poder se convirtieron en Saturnos que devoraron a sus hijos. Y ahora el terrorismo es otro fanatismo que mata en nombre de la libertad y la justicia. Hay que evitar caer en la tentación de invertir los papeles y convertirse en el dominador del que antes nos dominaba. El último paso de la verdadera actitud de no dominación, sostiene Villoro, es el reconocimiento pleno del otro, aun si el otro es el dominador (p. 153).

El llamado de Villoro para basar la acción política, el ejercicio del poder, en la sensibilidad moral debería ser escuchado con mayor atención. Los sucesos recientes parecen indicar que las principales fuerzas políticas nacionales están rehaciendo las redes del poder para repartírselo entre ellos. No se busca infundir valores ni ideales en la política; lo que se pretende es únicamente mayor eficacia. Pero precisamente porque nuestra política real parece avanzar en sentido contrario al de la filosofía política de Villoro, podemos decir que ésta nos es tan necesaria.

Villoro nos ha enseñado que la filosofía es una actividad permanente de crítica de las convicciones reiteradas e impuestas. Esta defensa del poder liberador de la razón es uno de los legados más valiosos de su obra. Por eso termino citando las esperanzadoras palabras con las que acaba su libro: "Al despertar del sueño ilustrado, no encontraremos el sinsentido, sino una razón al servicio de la vida".

HURTADO, Guillermo. Luis Villoro, Los retos de la sociedad por venir. Diánoia,  México ,  v. 53, n. 60, p. 195-199,  mayo  2008 .   

Disponible en <http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0185-24502008000100010&lng=es&nrm=iso>. accedido en  22  oct.  2019.

terça-feira, 15 de outubro de 2019

Homenaje a Miguel León-Portilla

La noche de este martes 1 de octubre, murió el historiador, filósofo y humanista Miguel León-Portilla, uno de los hombres más sabios y generosos que han existido en el México contemporáneo, estudioso y defensor comprometido de las culturas originarias de nuestro país, académico insigne, investigador dedicado y persona de bien, confirmó la Universidad Nacional Autónoma de México.


En su cuenta de Twitter, la UNAM informó sobre el “lamentable deceso, a los 93 años, de Miguel León-Portilla. La imagen el 11 de octubre de 2016. Foto: José Antonio López





El deceso ocurrió en el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán donde permaneció internado los recientes meses cuando en enero fue hospitalizado (primero en un nosocomio particular) debido a problemas respiratorios. Tenía 93 años.La imagen en el mes de mayo del 2000. Foto: Omar Meneses/ archivo La Jornada




Carlos Fuentes y León Portilla Durante la clausura del Congreso Internacional de la Lengua Española, el Valladolid, España, el 19 de Octubre de 2001. Foto: Notimex/ Juan Carlos Rojas

Leer mas en:
https://www.jornada.com.mx/ultimas/2019/10/02/fallece-miguel-leon-portilla

quarta-feira, 25 de setembro de 2019

"El capitalismo nos ha llevado a un nuevo siglo XIX"


Publicado en La Jornada el 18 de febrero de 2014



Ciudad de México. Guillermo Almeyra, argentino trashumante, llega a los 85 años de edad con un libro que escribe para los jóvenes: Militante crítico: una vida de lucha sin concesiones, donde relata los contextos de cada época, cada uno de los países donde transcurrieron sus 70 años de militancia de izquierda, 26 de éstos en partidos trotskistas.
Con su mirada de crítico sistemático y erudito en la teoría marxista, pero ya libre de ataduras partidistas, como un cane sciolto, perro sin correa, relata los momentos más esperanzadores y las derrotas más dolorosas de las izquierdas en Argentina y México.

Y de ellas platica en entrevista con La Jornada, con su visión de largo plazo; desde ese mirador de la historia que le hizo responder a Zhou En Lai, el líder de la revolución china (1949-1979), su opinión sobre la revolución francesa (1789): Es demasiado pronto para juzgarla. Almeyra dice algo parecido, después del recuento de las derrotas de todas las experiencias revolucionarias que analiza: Uno no siembra para hoy, se siembra para mañana.

La de Almeyra, catedrático en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y analista en este diario, es una vida de militante, de productor de teoría política, de periodista. Siempre con una meta: el futuro socialista. De Argentina a Brasil, luego Italia, Yemen, México, Argentina e Italia de nuevo y de regreso a México. Casi siempre haciendo un recuento de fracasos y errores.

“Lo principal en la vida –dice, sin sombra de derrotismo– es responderle a la conciencia, independientemente de si se logran o no los objetivos. Lo importante es la lucha por lograrlo, y la capacidad de sacar de la experiencia un balance crítico para no repetir los mismos errores. Lo que he vivido, con plenitud y conciencia, lo volvería a vivir”.

–En el mundo moderno los avances de las sociedades sí se miden por las victorias y los fracasos. No poder contar con éxitos medibles en los avances sociales y políticos lleva un riesgo de frustración, de parálisis...

–En efecto, pesa mucho el poder contar con un punto de referencia victorioso, con perspectiva de futuro amplio. Pero la vida es así. En América Latina las guerras de independencia, aun antes de 1810, están marcadas por derrotas impresionantes. Cuando descuartizaron a Tupac Amaru en el Tihuantisuyo el terror desalentó a unos cuantos. Pero también alentó a otros. La resistencia no acabó ahí.

–Estadísticas y análisis revelan que hoy, a escala global, la desigualdad es la mayor que ha habido en la historia. ¿Este es un caso en el que las revoluciones se hacen necesarias?

–El capitalismo nos ha llevado a una especie de nuevo siglo XIX. Las condiciones de vida de las novelas de Charles Dickens son las de hoy. Se roban niños para vender partes, se les explota como máquinas, hay feminicidios, trata de mujeres a gran escala, esclavitud contemporánea. De la conquista de las ocho horas laborales nos hemos olvidado. Para poder vivir hay que trabajar por lo menos 14 horas.

“Y todas las víctimas de estas condiciones no están pensando en que viven en el mejor de los mundos posibles; por supuesto que están pensando cómo salir de esta situación. Llegará el momento en el que, como en la revolución francesa, la gente piense que es buena idea cortarle la cabeza al rey.

Los cambios radicales no son deseados, pensados; son impuestos por una realidad que transforma a la gente. Fue la realidad del porfirismo lo que hizo que un caballerango de hacendados se transformara en un revolucionario, como Emiliano Zapata.

Crítica a Marcos, a AMLO, a Cárdenas

En 1995, después de ser testigo del auge y el declive de la izquierda italiana que con el Partido Comunista alcanzó a tener una tercera parte de la votación electoral para luego desplomarse, Almeyra regresa a México para su segunda y definitiva residencia.

“Yo era dirigente, entonces, de un pequeño partido a la izquierda del PC, Democracia Proletaria. Y ahí estaba cuando el movimiento zapatista, y escribí el primer libro en italiano sobre el zapatismo, y quizá en México mismo. Y al año siguiente volví a México para trabajar en la UAM y reincorporarme a La Jornada, de donde era corresponsal en Italia.

–Al levantamiento zapatista lo apoyé desde el prinicpio. El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) despertó la conciencia de vastos sectores de la población mexicana de que era posible luchar contra el neoliberalismo, buscar una alternativa a las medidas neoliberales y defender los espacios democráticos. Lo que critiqué en Marcos y el EZLN fue su falta de una visión nacional, su decisión de quedarse en Chiapas cocinándose en su propia salsa, su falta de visión de hacer unos cuantos acuerdos sobre puntos transitorios con otras fuerzas, para tender a organizar a la inmensa mayoría mexicana. Critiqué sobre todo que identificara falsamente a Andrés Manuel Lopez Obrador (AMLO) con el salinismo.
Y critiqué también a la dirección del PRD y al movimiento de Cuauhtémoc Cárdenas. Había que confluir con el zapatismo.

–Y sucedió todo lo contrario. Hubo divergencias entre el zapatismo y el PRD, y AMLO. Divergencia entre AMLO y el PRD. Divergencia entre AMLO y Cárdenas. ¿A qué va a llevar esta división?

–Este darle la espalda al país real los va a llevar al desprestigio de sus líderes. A López Obrador, que sí moviliza a las masas, lo va a llevar a desperdiciar ese potencial. Creer que en esta época de reducción de espacios democráticos y destrucción de conquistas pueden concederte elecciones libres es una utopía total. Conozco a López Obrador y sé que es un hombre honesto y combativo, temido por el establishment. Pero con una gran limitación política: no le interesa lo que pasa en el mundo, no se preocupa ni ha apoyado lo que pasa en otros países de América Latina. Es un líder que busca apoyo popular para hacer políticas más favorables a los sectores populares, pero con una visión conservadora, cuando lo que hay que hacer ahora es una política de ruptura y de resistencia.

Y el PRD, que tiene una dirección corrupta y reaccionaria, trata ahora de hacerse una nueva virginidad buscando a Cárdenas como dirigente máximo. Si Cárdenas se compromete con eso se va a cubrir de lodo.

 Argentina, de Perón a Kirchner

–Después de las dictaduras militares, de la sucesión de gobiernos peronistas –Menem, Duhalde– estalla la crisis en Argentina, y en ese contexto llega al poder Néstor Kirchner. También es crítico de ese modelo.

–Sí, Kirchner llega dentro de un partido de corruptos y bandidos, establece una política social con base en dádivas. Kirchner, y ahora Cristina Fernández, no desarrollan organización ni conciencia; mantienen con los trabajadores una relación de dependencia, pero también mantiene una relación de acuerdos con las empresas y las dirigencias sindicales charras. Ofrece subsidios, pero salarios reales bajos. Llegamos a una situación donde esto ya es un modelo insostenible.

No toca los intereses de las grandes empresas que controlan 80 por ciento de la producción y consumo, ni las corporaciones que exportan los productos que generan los grandes ingresos. La gran minería y los bancos no pagan impuestos. ¿Cómo puede mantener así una política asistencialista, paternalista?

–¿Por qué, entonces, el interés de esos empresarios en desestabilizar el gobierno de Fernández?

–Estos grupos monopolistas no trabajan para el mercado interno; trabajan para la importación, no les importan los niveles de salario o de ocupación. El gobierno mantiene una política neoliberal de pago de deuda, pero quiere que los exportadores de grano paguen impuestos. La desestabilización es para obligar al gobierno a profundizar las medidas que les favorecen. Es, en suma, un conflicto entre dos sectores de la burguesía.